Sobre mí y mi trayectoria

  ¡Hola! Soy Diana Carolina Pagani; Caro para los conocidos y te cuento que Aula Infinita nace de una trayectoria extensa en el campo educativo, construida desde el aula, la formación académica y la participación activa en proyectos institucionales. Soy profesora de Lengua y Literatura, licenciada en Gestión Educativa y técnica universitaria en Administración en formación. Desde 2009 me desempeño de manera continua en el nivel secundario, dictando clases de segundo a quinto año y asumiendo, a lo largo del tiempo, responsabilidades vinculadas a la planificación, la evaluación y la formación de otros docentes. Mi formación se consolidó a través de posgrados y diplomaturas en lectura, escritura y educación, en enseñanza del español como lengua segunda y en gestión educativa, a las que se suman cursos específicos en didáctica de la argumentación, evaluación por competencias, alfabetización digital y uso pedagógico de tecnologías. En los últimos años profundicé además en innovación e...

Cuando las palabras hieren más que los golpes: una reflexión sobre el lenguaje capacitista

 

Cuando las palabras hieren más que los golpes: una reflexión sobre el lenguaje capacitista

Hace tiempo atrás escuche las siguientes frases: “Callate, autista.” , “No seas tan down.” provenientes de niños, adolescentes y jóvenes. 

En una de mis clases, resultó ser que una alumna trajo el testimonio de su  primo y su tía, la cual amorosamente nos contó a través de un audio que se reprodujo y se reflexionó en clases, cómo se vivencian desde adentro estas situaciones, nos habló de sus luchas, obstáculos y espacios a conquistar.

Este trabajo, me llevó a pensar en la temática, a reflexionar y dejarte este artículo, porque frases como estas, cada vez más comunes entre niños y adolescentes, duelen más de lo que parecen. No solo por el contenido ofensivo, sino porque revelan una forma profundamente enraizada de discriminación: el capacitismo.

El capacitismo es esa mirada que mide el valor de las personas en función de sus capacidades cognitivas, físicas o sociales. Y cuando esa mirada se cuela en el lenguaje cotidiano, termina volviéndose invisible, pero poderosa.

Según un estudio de Autismo España (2022), el 74% de las personas con autismo ha escuchado su condición utilizada como insulto. No se trata de hechos aislados, sino de una violencia estructural que se filtra en los recreos, en los videojuegos, en las redes sociales y hasta en los propios hogares.

Como dijo el filósofo Michel Foucault, “el lenguaje no solo describe la realidad: la construye”. Lo que nombramos, lo legitimamos. Lo que usamos como burla, lo volvemos desecho.


Las palabras que usamos dicen mucho de nosotros

Nombrar a alguien “autista” o “Down” con tono despectivo no es solo una falta de respeto: es una forma de violencia simbólica. Es reducir una condición, una identidad, una forma de estar en el mundo… a un insulto.

Y lo más doloroso es que estas palabras, dichas al pasar, naturalizadas en el patio de una escuela o en una historia de Instagram, refuerzan estigmas y marginan a quienes ya luchan por ser reconocidos desde su singularidad.

Tal como expresó la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (ASDRA):

“Cuando usamos la discapacidad como insulto, lo que realmente insultamos es la diversidad.”


¿Qué aprenden los chicos cuando insultan con la diferencia?

Los niños no nacen sabiendo discriminar. Lo aprenden.
Lo aprenden cuando ven que en casa se hace un chiste a costa del “lento” del curso.
Lo aprenden cuando la televisión o una canción popular usa “autista” como sinónimo de desconexión o torpeza.

Cada vez que toleramos esos discursos, aunque sea en silencio, estamos enseñando. Porque educar también es lo que callamos.


El rol de la escuela, la familia y la sociedad

El desafío no es solo corregir. Es formar.
Formar en diversidad, en respeto, en sensibilidad.
Formar para que un niño sepa que las palabras pueden herir, excluir o abrazar.

Desde mi lugar como docente y madre, creo que enseñar implica revisar nuestros propios discursos.
¿Alguna vez hicimos un chiste sobre alguien “que no entiende nada”?
¿Reímos cuando otro imitó a una persona con discapacidad?
¿Nombramos la diferencia solo desde la lástima?

Es momento de repensarnos.
Como decía Paulo Freire:

“Las palabras pueden encerrar o liberar. Pueden herir o sanar.”


Educar con el lenguaje: un acto de justicia

Hoy más que nunca necesitamos construir un lenguaje que incluya, que respete, que abrace.
Porque si algo nos enseñan las personas con discapacidad es que la diferencia no es una amenaza, sino una posibilidad de aprendizaje.

Y porque detrás de cada palabra mal dicha, hay una persona que se siente menos.

No es exagerado decirlo: las palabras importan.
Educar en el buen uso del lenguaje es una forma concreta de transformar el mundo.

Como dijo ASDRA en uno de sus comunicados más contundentes:

“Las personas no tienen discapacidad. Tienen derechos. Y uno de ellos es ser nombrados con dignidad.”


Para seguir trabajando este tema:

Propuestas para el aula y para casa:

  • Charlar con los chicos sobre las palabras que escuchan y cómo las interpretan.

  • Leer testimonios de personas con discapacidad que reflexionan sobre su identidad.

  • Crear una campaña escolar que promueva un “Diccionario de palabras que incluyen”.

Porque al fin y al cabo, como dice el lema de mi aula:
“No somos lo que otros dicen de nosotros. Somos quienes elegimos ser.”



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